divendres, 15 de febrer del 2013

El post del lector

Hace unos días vi un capítulo de una serie de televisión con un final digno de elogio. Me recordó los grandes finales de alguna de las novelas que he leído.

Estaba el protagonista  tomando un coctel en la barra de una cafetería,  mientras  su mujer rodaba un anuncio  ante las  cámaras, al fondo del mismo local. El pone cara de hombre resignado a su suerte. En éstas, se le acerca una atractiva mujer y le pregunta,
-¿Estas solo?
El no responde, la mira y gira lentamente la vista hacia la escena que rueda su mujer, con la vista perdida  y la cámara sigue a su mirada…………FIN

Un buen final no tiene precio. Recuerdo dos, entre muchos, que guardo con un cariño especial por lo bien resueltos que están.
Uno, el de  la novela “EL ROJO Y EL NEGRO”  de Stendhal. El reparto salomónico de los restos del protagonista, Julien Sorel, entre Mathilde y Madame de Rênal es genial. La dualidad que había sido su vida era imposible de ilustrar mejor que lo hace un final tan brillante.
El otro es el de “LAS GRANDES FAMILIAS” de Maurice Druon, en donde la desdichada  Jacqueline muere a manos de su marido y el mayordomo la lanza por la ventana después de muerta, para simular un suicidio. Lo importante era preservar el buen nombre de la familia. No era lo mismo un suicidio que un asesinato. Estaba justificado contradecir uno de sus principios:

“En las familias como la nuestra no se suicida uno. ¡Eso se deja para los burgueses y los artistas!”.
Ambas novelas son dos joyas de la literatura universal que no pretendo descubrir aunque las recomiendo a todo aquel que no las haya leído aún.

Juan Gonzalez