dimarts, 18 de febrer de 2014

La salud y la crisis


Enfermeras, médicas, trabajadoras del sistema sanitario han contribuido, en general, a que los indicadores de salud no acusen el impacto de los recortes presupuestarios. Cierto que estos indicadores no recogen la angustia de una persona y su familia ante el retraso de una intervención pero igualmente cierto que las tasas de mortalidad, incluso las más sensibles a la actuación sanitaria, han continuado su mejora.

También los ciudadanos han encajado la disminución de consultas, prescripciones e ingresos hospitalarios financiados públicamente con una mejora de la percepción subjetiva de salud, debida probablemente a que la realidad empeoró menos de lo esperado.
La preocupación debe centrarse ahora en el impacto a medio y largo plazo de la crisis económica pues será el aumento de la desigualdad social y el paro de largo duración lo que, pese a los servicios sanitarios, más puede amenazar gravemente no sólo la salud, sino también el bienestar.
Los antídotos son conocidos: Apuesta decidida por el Estado de Bienestar (EB) y Salud en Todas las Políticas. Un EB financiado de manera más progresiva, con el ‘factor de sostenibilidad’ que daría la racionalidad en su cartera de servicios y una correcta priorización técnico-democrática de prestaciones y pacientes, y que mantenga, y mejore, su solvencia y capacidad resolutiva para que las clases medias y altas no deserten.

Salud en todas las Políticas, muy especialmente educación y políticas activas de empleo. Educación por ser la variable más explicativa tanto del estado de salud como de las potencialidades de un país. Eso sí una educación no sólo para hijos de educados sino para todos, atajando el deterioro en la igualdad de oportunidades, hasta ahora tal vez la peor consecuencia de la crisis.

Vicente Ortún
Article publicat al diari El Periódico el 10 de Febrer del 2014