Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris PONGAMOS QUE HABLO DE MADRID. Mostrar tots els missatges
Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris PONGAMOS QUE HABLO DE MADRID. Mostrar tots els missatges

dimecres, 27 de novembre del 2013

Visita a Barcelona

El passat dia 10 els nostres corresponsals de Madrid, Hernandez i Fernandez, em varen obsequiar per sorpresa amb una invitació per assistir al recital de Raimon a l’Auditori amb motiu de l’any Espriu. I ara ens regalen aquesta crònica de la seva estada a Barcelona. Fixeu-vos bé quins corresponsals tenim!

Han pasado ya unos días desde mi visita a Barcelona: pasear por sus calles, descubrir plazas nuevas en el barrio gótico,ver el mar, comer bien, tomar un cava, para los que vamos de Madrid, ya es un disfrute, un privilegio. Pero el motivo del viaje era algo concreto y hermoso: participar en el centenario del nacimiento de Salvador Espriu. Asistimos al recital de Raimon en el auditorio, cantó con fuerza, evocando tantos momentos que hemos vivido con intensidad; visitamos la exposición en el antiguo hospicio, en el CCCB, montada con tanto rigor y con tanto cariño.
La visita fue gratísima, sobre todo, por la compañía de nuestros anfitriones catalanes, Clara, Carmen, Josep, cercanos y cómplices que nos atendieron y guiaron inmejorablemente.
Pero... volví a Alcalá de Henares, ciudad patrimonio de la humanidad, patria de Cervantes; sin embargo yo vuelvo a mi barrio de Espartales, producto de la expansión de la ciudad en el extrarradio y donde está mi instituto, el Lázaro Carreter, grande, luminoso, acogedor, al que llegan mis chicos todas las mañanas cargados con sus mochilas  en las que llevan, además de sus libros, prestados por el centro, por supuesto, sus miedos, sus carencias, "su miseria necesaria" y su alegría también.
Cuando los veo salen los versos de Espriu "He mirat aquesta terra", la suya, la vuestra, la que debemos reconquistar cada día, esta tierra, y sigo con Espriu, en la que hay lluvia, viento, claridad del cielo y sobre la que me gustaría que nos uniésemos en un "llarg esforç" para conseguir  la justicia, el conocimiento, la verdad, la luz, la fraternidad.
Un abrazo fraterno, sempre junts.
Hernandez y Fernandez

I per completar el text aquí teniu la cançó que vaig gravar en directe amb el mòbil.



dijous, 17 d’octubre del 2013

Vistas de Madrid

 
¿Desde dónde se ve mejor Madrid? Madrid ocupa un espacio geográfico nada espectacular: no hay mar, no hay (casi) río, no hay valles ni montañas. Todo lo más, desde el “ala oeste” de la ciudad se divisa la sierra de Guadarrama, reducto verde de la región  para excursionistas y madrileños (en general) pudientes. No se puede decir tampoco que Madrid esté en una llanura. El alcalde Álvarez del Manzano justificó su negativa al fomento del uso de la bicicleta en que la ciudad tenía muchas cuestas (y es un poco verdad). Pero son cuestas “coñazo”. Para arriba y para abajo, pero ni una cima desde donde mirar para abajo y decir “he llegado”.
En fin, que como Madrid no tiene ni una sierra de Collserola ni una montaña de Montjuic desde donde mirarla, ¿qué alternativas nos quedan para ver las azoteas sin tener que irnos a la Terminal 4 de Barajas? Una posibilidad es subirnos a los edificios altos del centro imitando las peripecias de los personajes de “El día de la Bestia”. La terraza del Círculo de Bellas Artes, la nueva cafetería del Corte Inglés de Preciados, o el flamante nuevo Ayuntamiento en la plaza de Cibeles son algunas posibilidades (todas ellas recomendables y a tiro de piedra de cualquier turista). Pero déjenme proponerles dos lugares que no encontrarán en ninguna guía.

El primero de ellos es “el parque de las Tetas” en Vallecas, no muy lejos del campo del Rayo (la política puritana del ayuntamiento y de Google Maps les obligará a buscarlo por “Cerro del Tío Pío”). Las tetas (siete en concreto), son montículos procedentes de una antigua escombrera cubiertos por una capa de hierba. Subir lentamente a cada teta, posarse lentamente encima de ellas y presenciar las espectaculares vistas desde arriba es una experiencia única (por favor, no me citen esta frase sacada de contexto). Desde las tetas se toma conciencia de la enormidad de Madrid, del enorme espacio que va desde los rascacielos de la Castellana en el Norte hasta el Cerro de los Ángeles en el Sur. Un sitio muy recomendable para hacer picnic y disfrutar del atardecer en las sofocantes tardes veraniegas de Madrid mientras se juega con los amigos a localizar edificios, calles, o barrios  y no llegar a ningún acuerdo.

La segunda recomendación es aún menos “turística”: dar un paseo por las vistas que ofrece la Ronda del Sur en el barrio del Pozo del Tío Raimundo. Para llegar allí no hay metro (hay que bajarse en la parada “El Pozo” de los Cercanías) pero el viaje merece la pena no sólo por las vistas a un horizonte urbano presidido por el laberinto de vías que salen y llegan a Atocha, sino por conocer cómo es y cómo se vive en un barrio de los más humildes de la ciudad, de los que tuvieron que pelearse contra todo en los setenta para que les asfaltaran las calles y les abrieran colegios y centros de salud. Merece la pena ver hoy sus colegios dignos, sus parques dignos, sus instalaciones deportivas dignas, su parroquia de curas obreros dignos, y sus familias dignas. Debería ser obligatorio venir a estos sitios para recordar lo que la gente que vive aquí ha luchado para tener estos barrios, celebrar todo lo que en tantos años han conseguido, y denunciar lo mucho que queda por hacer.

Hernández y Fernandez

dimarts, 26 de març del 2013

Mañana en el Matadero


Junto a la plaza de Legazpi, antiguo punto de encuentro del Madrid castizo con el sur emigrante de la ciudad, está una de las infraestructuras culturales más modernas y con más vida del Madrid actual: el Matadero. Es un ejemplo perfecto de una de las transformaciones que presenciamos hoy en todas las ciudades. Tenemos preciosos edificios industriales que queremos mantener, pero como ya es imposible subvencionar las pedestres actividades para las que fueron diseñados, los dedicamos a otras, supuestamente más altas y profundas y, lo más importante, que sí podemos subvencionar.
El nombre recuerda el antiguo uso de las naves que lo albergan, y ocupa un espacio magnífico al lado del río Manzanares. De hecho, a un extremo del Matadero inicia (o acaba, según se mire) otro de los proyectos megalómanos de la administración municipal: Madrid Río, una sucesión de parques, pasarelas y columpios con los que el gobierno municipal decidió tapar la soterrada autovía de circunvalación M-30. Es por ello un lugar muy recomendable para hacer un largo paseo por el Madrid “fluvial” (si me permiten la cursilería) que acabe, por ejemplo, en la Casa de Campo o el Palacio Real.

Hoy en lugar de hacer ese paseo hemos echado la mañana en el Matadero. El espacio es muy agradable, como lo son siempre aquellos que recuerdan a la revolución industrial (una de mis debilidades, lo siento). Y no se puede decir, que pese a lo grande del sitio, esté infrautilizado. Al entrar, una larga cadena de pósters de eventos (uno tiene que mirar en la letra pequeña para averiguar si se trata de obras de teatro, exposiciones, proyecciones de cortometrajes o “performances”) nos recuerda que estamos ante un lugar de una magnífica “oferta cultural (odio esta expresión). Hoy nos hemos metido en el primero que hemos visto, (¿un teatro para niños recién empezado? ¡vamos allá!) y lo que allí hemos visto allí me sirve (injustamente) para hablar de los sentimientos que me provoca toda la infraestructura:
Primero, las “naves” que acogen las actividades son espacios muy funcionales que siempre dan la impresión de estar a medio hacer, o a medio completar, o a medio disfrutar. Siempre en plena mudanza. Como no me sé explicar mejor, ahí lo dejo.
Segundo, juntar el postmodernismo, el postindustrialismo, y todos los post que en el mundo han sido con el entretenimiento no siempre sale bien. En una obra de teatro para niños de 2 a 8 años hacer monólogos sobre cómo la ciudad no es otra cosa que es una interconexión de hilos invisibles, y pasearse en silencio por una estructura semideconstriuda no es siempre la mejor idea.  
Tercero, es un sitio necesario para la generación y el desarrollo del talento. La desconocida actriz que representaba tan ambicioso texto hacía una labor admirable. Con sus trabajadas tablas, era capaz de sacar la obra adelante y de conseguir una (moderada) complicidad de los niños haciéndoles subir al escenario en la parte final de la obra. Necesitamos que esta gente tenga espacios para crecer. Quizá esa sea la principal finalidad de este sitio, y bien está que así sea. 
 
Así que vayan al Matadero. Por cierto, no dejen de pasar por la “Cantina” para tomar algo. El lugar es muy original, dan cosas de comer ricas y, muy importante, tiran bien las cañas (por supuesto, Mahou). Pero vayan preparados. Es de los sitios más pretendidamente hipsters de Madrid. Si es sólo para un rato es divertido.

Hernández y Fernández

dimarts, 22 de gener del 2013

Por fin buenas noticias




Le estábamos dando unos días al 2013. Después de la Nochebuena, los deseos con las doce uvas y el enternecimiento generalizado que siempre deja una Cabalgata –aunque sea la de Madrid-, buscábamos desesperadamente cualquier excusa para un post optimista. Pero como pueden deducir si comprueban la fecha de hoy, no ha sido tarea fácil.

Empezamos el año tocando el claxon con la vana ilusión de levantar un poco el ánimo a decenas de personas recién despedidas que acampaban a las puertas de la empresa Roca, en Alcalá de Henares. A los pocos días se hacía efectivo el ERE masivo en Telemadrid y los trabajadores pedían a la gente que se acercara a la Ciudad de La Imagen,  para mostrar su apoyo a todos los que, bien de mañana, habían recibido una carta de despido. Casi 900 personas a la calle, pero ningún directivo entre ellas. Impresionaban las conversaciones, las pancartas, las lágrimas y, sobre todo, los carritos de bebés aquel sábado frío.

El ánimo de los madrileños andaba decaído. Y eso que aún no sabíamos la semana de tránsfugas sanitarios, áticos millonarios y viajes a los Alpes suizos que se nos venía encima. Ya era 12 de enero. Pero el 13 ocurrió. Por desgracia, ninguno de los despedidos recuperó su empleo, pero aquella victoria fue una pequeña venganza: el Estu ganó al FC Barcelona de baloncesto en casa, 88-66; y de chiripa, como le pasan las cosas al Estu, logramos clasificarnos para la Copa del Rey.

Ganar estuvo bien; ganarle a un equipo grande y rico, aunque no fuese el Madrid, estuvo aún mejor; pero lo realmente fantástico y reconfortante fue el grito atronador de las gradas al canto de “Sa-ni-dad, Pú-bli-ca” seguido del inigualable “Somos un equipo de patio de colegio”.

Gracias, Estu. Nos vemos en Vitoria.

Hernandez y Fernandez

dissabte, 8 de desembre del 2012

La Princesa no cierra.

 
El año anda más movidito de lo habitual por la Capital del Reino y no damos abasto. A las múltiples cuitas de estos agitados tiempos, se sumó hace unas semanas la amenaza de cierre de nuestro hospital, La Princesa. Sí señores, los abajo firmantes, tenemos el honor de compartir hospital con Ana Botella y los suyos. No todo iban a ser desgracias en este año aciago.

Seguramente habrán tenido ustedes ocasión de seguir por la prensa el espectáculo surrealista que las autoridades de nuestra ciudad han ofrecido al hilo de este asunto. De la noche a la mañana se comunicó la inminente transformación del hospital en un centro especializado en personas mayores. Los trabajadores se encerraron como protesta, y pacientes y vecinos se movilizaron de inmediato. A los pocos días, Ana Botella, su yerno, su hija y el insigne Jaime de Marichalar acudieron a visitar a un amigo ingresado allí. Para congraciarse con los trabajadores del centro y, según algunos, para desviar la atención de la desgracia del Madrid Arena, la alcaldesa firmó la petición contra el desmantelamiento de La Princesa. Al día siguiente, su compañero de partido y Presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, afirmaba sin recato alguno que “la alcaldesa no se ha enterado de lo que pasa...". Las movilizaciones continúan y se extienden a muchos otros hospitales de la región y apenas una semana después, Fernández-Lasquetty, Consejero de Sanidad, desactiva el plan de transformación de La Princesa en geriátrico. Eso sí, el Consejero lo dejó bien clarito: las 368.108 firmas contra el desmantelamiento de La Princesa no han tenido nada que ver. Ni siquiera las de la alcaldesa y familia. No vaya a ser que tomemos por costumbre lo de protestar. Y no nos vayamos a creer que sirve de algo.

Quienes temieron que la marcha de Esperanza Aguirre privaría a esta ciudad del mínimo de distracción y cinismo saludable, se equivocaban. Madrid es una fiesta, una fiesta continua.

 HERNANDEZ Y FERNANDEZ

dimarts, 30 d’octubre del 2012

El "rastrillo" de Tetuan


Tetuán es un barrio curioso de Madrid. Se extiende al norte de la glorieta de Cuatro Caminos, a un lado y a otro de la bulliciosa calle Bravo Murillo. Residencialmente, el barrio es una mezcla de una población autóctona muy envejecida, de comunidades de inmigrantes (el 27% de los residentes son nacidos fuera de España, es el distrito con un mayor porcentaje de todo Madrid) y de ciertas clases medias que tratan de alejarse del corazón del barrio y se van hacia su periferia (en el Oeste, cerca uno de los parques más bonitos de Madrid, la Dehesa de la Villa, o en el Este, en los acomodados barrios de Orense y Castellana). En medio de este “crisol”, como dirían los cursis, hay muchísimo comercio minorista, varios cines, locales de las omnipresentes cadenas de venta de ropa con música estridente, kebaps de todo tipo y condición, y uno de los mejores mercados de todo Madrid, el Mercado de Maravillas. 
Más al norte, si uno sigue subiendo por Bravo Murillo, uno se encontrará con la calle Marqués de Viana, donde los domingos y fiestas de guardar, desde el principio de los tiempos, se celebraba un mercadillo que por motivos obvios fue bautizado de forma popular como “el rastrillo”. Allí uno podía encontrar fundamentalmente ropa, aunque también había puestos con libros y casettes de segunda mano, ferreterías, puestos de fruta, activistas tratando de difundir sus ideas y, para mí lo más importante, grupos de niños que intercambiaban cromos (durante los duros ochenta se establecían también vendedores de objetos robados, pero eso fue desapareciendo progresivamente, quizá como consecuencia del progreso, quizá del acoso de los municipales).
Hacía mucho tiempo que no volvía al rastrillo. La última vez fue poco antes de que, con motivo de la construcción de un túnel, obligaran al mercado a trasladarse “de manera provisional” a una calle mucho más al norte. Hoy he vuelto pensando que, casi ocho años después (y con el túnel más que acabado) el rastrillo habría vuelto a su lugar original. Pero no. Igual que hace ocho años, las asociaciones de vecinos del barrio y los vendedores se quejan del emplazamiento actual (una calle desangelada rodeada de construcciones de la época de la burbuja), pero el Ayuntamiento parece convencido de que cortar una calle importante al tráfico para que la gente pasee y haga vida de barrio durante unas horas el domingo por la mañana no es muy buena idea. 
A pesar del frío, del Ayuntamiento, y de la nueva ubicación, he encontrado a los intercambiadores de cromos en un apartado parque infantil. Y he descubierto dos cosas. En algún momento de las últimas dos décadas, al mundo de los cromos han llegado la democracia y el capitalismo. La democracia, porque el rango de gente que intercambia cromos es mucho más plural que antes: ahora hay niñas, hay padres que hacen los álbumes para sus hijos que apenas saben hablar, hay adolescentes (un poco friquis, la verdad), y hay hasta ancianos que hacen su álbum no para sus nietos, sino para ellos mismos. Y el capitalismo, porque hay grupos de niños que ¡venden cromos! La estructura de precios es relativamente sofisticada: los precios varían en función de cuánto de escaso es el cromo en cuestión. Pensándolo bien, es un desarrollo perfectamente normal, comprensible y hasta saludable, pero para alguien que creció en los ochenta, es una novedad bastante difícil de asumir.
Bravo Murillo y la calle que ahora acoge al rastrillo acaban en un lugar inhóspito e incomprensible, la plaza de Castilla. Álex de la Iglesia la hizo famosa al ubicar allí, con toda lógica a mi juicio, el inicio del Apocalipsis en el “El Día de la bestia”. Es un lugar en permanente y acelerado deterioro. Por si no fuera suficiente la escultura a Calvo Sotelo, un depósito de agua, las torres KIO o los edificios de los juzgados, Bankia, en una de sus últimas decisiones burbujiles, tuvo el detalle de hacer una contribución adicional: regalar al pueblo de Madrid (sin pagar el mantenimiento, eso sí) un monumento aún más absurdo que los ya presentes. Y decidió encargárselo, cómo no, al prolijo Santiago Calatrava. Desconozco el nombre oficial de semejante armatoste (dorado y giratorio, para más señas), pero los madrileños, con su hostilidad mesetaria al uso de eufemismos y de matices, le han denominado (con perdón) “el pollón de Gallardón”. Hoy nadie le hace fotos, pero quién sabe si dentro de cuarenta años, los autobuses de turistas pararán y un guía les explicará en qué consistía todo esto. Quizá entonces nosotros también lo entendamos.

Hernandez y Fernandez 

dissabte, 15 de setembre del 2012

Un paseo aéreo

Avui comença aquesta nova Secció, PONGAMOS QUE HABLO DE MADRID,  que varem anunciar. Cròniques dels nostres corresponsals "Hernández y Fernández" que ens informaran fidelment de coses que passen per la capital.

Pues ya estamos de vuelta. Y Madrid nos vuelve a engullir en ese torbellino de prisas, en ese quiero y no puedo tan suyo. Los corrillos en aceras y pasillos en los que hace unos días nos contábamos las vacaciones, van dejando paso a ese ligero gesto de levantar la mano, con la sonrisa forzada de “voy corriendo, que no llego”. Y no pasa nada. Todos vamos igual. Madrid es así. Pero mejor que no nos pille desprevenidos. En un sitio como este hay que saber evadirse y mirar a la ciudad un poco por encima del hombro. Por ello, aprovecho mi estreno en cartelera para recomendaros un paseo en el teleférico de Rosales.
 

Construido en 1969, empezó, como tantas cosas en este país, con mal pie, y no pudo ser inaugurado para las Fiestas de San Isidro de aquel año, contrariando así el deseo de Carlos Arias Navarro, por entonces alcalde de la ciudad. Los vecinos, interpusieron un interdicto alegando que, en su trazado original, el nuevo montaje invadía la intimidad de sus hogares. No les faltaba razón, como podréis comprobar en vuestra visita. Pero todo parece indicar que sus protestas no llegaron muy lejos. Anécdotas aparte, el paseo por el aire merece la pena, distrae y relaja. Y ya con los pies en el suelo, la caminata desde el punto de llegada hasta el lago de la Casa de Campo no tiene nada que envidiarle. Toda una delicia para tomarse la vuelta al cole con algo de perspectiva.

Hérnandez y Fernández